Instrucciones para ser más soberanos


Alumnos del Seminario de Titulación I de la licenciatura en Administración y Desarrollo Sustentable del ISIA.

Propuesta estratégica para contribuir a la soberanía alimentaria. Caso comedor del Instituto Superior Intercultural Ayuuk


Un rancho desnutrido, poco productivo, poco sustentable: ¿vale la pena salvarlo? ¿Es posible siquiera? Si el cálculo de 14 jóvenes investigadores es correcto, no solo es posible: es necesario y su rescate podría impulsar el bienestar de una comunidad entera.

 
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En San Juan Jaltepec de Candayoc, entre el curvilíneo horizonte mixe y detrás de largas hileras de casas que se extienden con una comodidad imposible de ver en las megaciudades, se esconde el Instituto Superior Intercultural Ayuuk (ISIA), proyecto privado de acceso público del Centro de Estudios Ayuuk (CEA-UIIA A.C.) que, mediante donativos, procura subsidiar la colegiatura de todos sus estudiantes, procedentes de pueblos indígenas y no indígenas. Aquí el calor de invierno exprime el sudor de la frente, pero no agota, así que visitamos sus aulas en diciembre de 2018 para saber más de un proyecto de investigación que –nos contaron– es ambicioso y prometedor.

La soberanía alimentaria supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones.

Pero antes, algunos antecedentes: como declara su carta de principios, el ISIA está sustentado en los pilares de comunalidad, integralidad, solidaridad e interculturalidad. Estos principios guían la creación de políticas, actividades y materiales pedagógicos para que tanto alumnos, docentes y público en general puedan adentrarse en varias lenguas originarias y el español.

El ISIA forma parte del Sistema Universitario Jesuita (SUJ) y actualmente está dirigido por el Padre Oscar Rodríguez, S.J. Su planta docente la conforman profesores indígenas y no indígenas. De esta forma, se busca privilegiar la competencia lingüística de los estudiantes para generar “hablantes en un contexto cultural”, de manera que el conocimiento fluya por distintos canales y construya “aprendizajes significativos y por descubrimiento”. Un ejemplo: como parte de su proyecto de titulación, los alumnos deben presentar el protocolo de su investigación frente a la comunidad universitaria tanto en castellano como en su lengua indígena materna, o a la cual se autoadscriban.

La del ISIA es una pedagogía altamente contextual, integral, decididamente ligada a la comunidad y al conocimiento del territorio que favorece la formación integral e intercultural de los alumnos. De ahí que el instituto participe en celebraciones como el Día de la Lengua o el Día de la Tierra.

Actualmente el ISIA ofrece tres programas de licenciatura (Administración y Desarrollo Sustentable [ADS], Educación Intercultural, Comunicación para el Desarrollo Social) y uno de posgrado (Maestría en Educación y Gestión del Conocimiento). Asesorados por la maestra Karla Contreras de la IBERO Ciudad de México, 14 alumnos de la carrera de Administración y Desarrollo Sustentable detectaron uno de esos problemas que son invisibles de tan evidentes: la relativa inmovilidad e improductividad del Rancho Agroecológico Nääxwiin. Se trata de un nada despreciable terreno de cuatro hectáreas (digamos: una colonia mediana de la Ciudad de México) donado por la comunidad sede, pero cuyo suelo solo ha sido explotado para la ganadería y cuya producción –como explica Elodia Canseco Santos, alumna de ADS– “no se ha establecido de forma constante porque el suelo está desnutrido”.

Pero la degradación del suelo es solo uno de los síntomas que los 14 investigadores del ISIA quieren poner de relieve mediante el proyecto Propuesta estratégica para contribuir a la soberanía alimentaria. Caso de los usuarios del comedor del Instituto Superior Intercultural Ayuuk – comunidad San Juan Jaltepec de Candayoc. Su diagnóstico parte, justo, del concepto de soberanía alimentaria, que de vez en vez se deja vislumbrar en los medios de comunicación, pero que raramente es explicado con detalle. La soberanía alimentaria defiende no solo la garantía de "acceso físico y económico a los alimentos" que propone la seguridad alimentaria, sino que los pueblos tengan agencia sobre los productos agroalimentarios que generan y consumen, que no dependan exclusivamente de insumos externos para subsistir, y que la producción sea sustentable mediante una continua lectura estratégica del territorio—lo que Bill Mollison, el llamado padre de la permacultura, llama un “sistema [agrario] de diseño funcional consciente”. La soberanía alimentaria “supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones” de acuerdo al Boletín Nyéléni sobre soberanía alimentaria.

Entre las metas que se han propuesto los 14 investigadores del ISIA (entre los que se encuentran hablantes de rarámuri, mixe, zapoteco y mixteco) están el intercambio con otros productores, el trabajo en redes y avanzar prácticas que no dañen al medio ambiente. Cabe aquí recordar que, para la producción sustentable, se define como contaminante todo residuo imposible de ser reintegrado a las cadenas de producción. Si un terreno ha sido explotado casi exclusivamente para la ganadería, es necesario “sembrar cultivos como la canavalia, frijol o nescafé [Mucuna pruriens] que ayuden a nitrogenar la tierra, a la porosidad, a la mayor presencia de nutrientes, que ayuden a la regeneración de los suelos; agregar abonos como la composta, bocashi o bioles; y finalmente echar mano de la agroecología y la permacultura—sistemas integrales que incorporen materia e insumos de otros sistemas de manera abierta, usar rotación y asociación de cultivos, abonos y repelentes orgánicos”, explica Elodia Canseco. “Devolverle a la tierra parte de lo que te da”.

Aquí cabe subrayar los fundamentos del ISIA mencionados anteriormente. El lento pero activo proceso de ejercer la autonomía (alimentaria y política en general) en un territorio que se estima sagrado, ¿no es acaso un concepto profundamente antisistema? El capitalismo, escribe el teórico Mark Fisher en Realismo capitalista (Caja Negra, 2016), ha “colonizado la vida onírica de la población” y “es lo que queda en pie cuando las creencias colapsan en el nivel de la elaboración ritual o simbólica”. Frente a la aplanadora de la homogeneización, el ejercicio institucional de la elaboración simbólica en torno a causas comunes y justas parece ser más importante que nunca.

Pero hay más: mediante el refuerzo académico de las lenguas indígenas entre los alumnos, se combate un fenómeno cada vez más observado en el mundo: la rápida extinción de la diversidad lingüística frente a las lenguas dominantes, entre las cuales se cuenta el castellano. Escribe Ken Hale (“Endangered languages”, Language, 68, 1, 1992) que perder una lengua “es parte de un proceso mucho más grande de pérdida de la diversidad cultural e intelectual”. Al presentar el protocolo de su investigación en alguna lengua indígena, los alumnos del ISIA acometen un acto de valentía cultural –hablar una lengua no hegemónica– pero también están izando una bandera de diferencia y diversidad frente a un Estado indiferente.

Lejos del cinismo –que, según Fisher, “reemplaza el involucramiento y el compromiso”– la comunalidad sucede gracias a la construcción de un nuevo lenguaje y la realidad de ese lenguaje en instituciones como el ISIA se refleja en formas de solidaridad, interculturalidad e integralidad. Esto es, el entendimiento de la Tierra “como un espacio totalizador”, de acuerdo a Floriberto Díaz Gómez, quien ha explicado en diversos artículos las bases del concepto de comunalidad de la siguiente forma:

La Tierra como Madre y como territorio.
El consenso en asamblea para la toma de decisiones.
El servicio gratuito como ejercicio de autoridad.
El trabajo colectivo como un acto de recreación.
Los ritos y ceremonias como expresión del don comunal.

Vemos entonces que el análisis realizado por los futuros investigadores del ISIA tiene profundas dimensiones sociales, políticas y ambientales. Pero también económicas. El grupo ha hecho notar que actualmente existen más egresos que ingresos en el comedor, no solo por motivo del rancho –que se ha destinado a “cuidar borregos, gallinas y producir hortalizas sin que se logre un producto del que se pueda recuperar la inversión”– sino porque “a partir de una reflexión realizada en el marco de las celebraciones por el Día de la Tierra, vimos que se demandan muchos alimentos en el comedor del ISIA y ese servicio consume alimentos de María Lombardo y de Puebla, y que dependemos de donaciones de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y de otras instituciones jesuitas”. Lo que sigue entonces es una reapropiación de los medios, volverlos productivos y aprender “a hacer ciencia y practicar en esos espacios mientras producimos para el comedor”.

De camino al Rancho Agroecológico Nääxwiin.

De camino al Rancho Agroecológico Nääxwiin.

Si este proyecto es uno de autonomización porque –como explica Elodia– “demandamos mucho y dependemos de las donaciones, cuando en el modelo educativo del ISIA se plantea que tenemos estos espacios para volverlos sustentables”, entonces regenerar el suelo para reapropiarse de los medios, crear excedentes, transformarlos –en conservas o deshidratados– y agregar valor para consumo interno o comercialización y generar ingresos para los mismos investigadores, son los escalones subsecuentes en este proyecto de largo aliento que rebasa una simple ambición de titulación. “El proyecto se plantea a largo plazo para que la institución lo siga alimentando”, según Elodia, quien añade que buscan establecer redes con talleristas, o ellos mismos consolidar un grupo que pueda replicar el conocimiento. Opina que las mismas destrezas culinarias de la comunidad de Jaltepec de Candayoc serían de gran utilidad una vez establecida una producción más regular.

Este proyecto de largo aliento rebasa la sola ambición de titularse.

El sueño de un proyecto de titulación que se traduce en una comunidad universitaria y local más dinámica y autosuficiente, con mayor agencia sobre lo que consume y menos a la merced de los caprichos de los mercados, no está tan lejos como parece. Basta salir de las aulas y contagiar a muchas más personas todavía. Ya lo dice un viejo dicho coreano: el inicio es la mitad.


Propuesta estratégica para contribuir a la soberanía alimentaria. Caso comedor del Instituto Superior Intercultural Ayuuk – comunidad San Juan Jaltepec de Candayoc

Alumnos del seminario de titulación de la licenciatura en Administración y Desarrollo Sustentable del ISIA:

· Yazmín Ávila
· Elías Beltrán
· Natanael Bulfrano
· Elodia Canseco
· Diego Enciso
· Erick González
· Esteban López
· Olimpia López
· Enrique Martínez
· Alfredina Mateo
· Paladio Melchor
· Tatiana Nicasio
· Mirna Santos
· Alicia Villavicencio


Instituto superior intercultural ayuuk