Ni víctimas ni victimarios


Los jóvenes populares urbanos y la lucha por la ciudad


 

Para muchos, las noticias que fluyen en torno a las hinchadas pueden resultar apocalípticas, signo inequívoco de que la afición futbolera es una fuente de violencia, una bomba de tiempo, una tragedia esperando suceder. Pero el doctor Roger Magazine se ha dado a la misión de poner en perspectiva estas opiniones, cuestionarlas y confrontarlas con las voces de las mismas juventudes que apoyan a sus equipos siempre que se necesite.

 
 Fragmentos de “El azul se lleva en la Sangre” documental de Sergio Fernández González

Fragmentos de “El azul se lleva en la Sangre” documental de Sergio Fernández González

 

Algunos recortes de diarios como botón de muestra: “Apuñalan a aficionado previo al clásico”. “Salvajismo hooligan en la Euro de la Seguridad”. “Hinchas del PSV humillan a varias mendigas que pedían limosna”. Hechos reales, deleznables, ignominiosos. Y sin embargo, vale la pena plantear algunas preguntas: ¿Actos aislados definen a una comunidad entera? ¿Han sido todas las barras de futbol cortadas con la misma tijera? ¿Qué prevalencia se le da a este tipo de incidentes en la agenda mediática, y por qué? Y una muy importante: ¿Son comparables los contextos de un aficionado de Europa occidental que los de un mexicano de la periferia mexicana?

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En el infinito archivero del racismo mexicano, la discriminación contra los jóvenes de barrios populares ocupa varios cajones. La pirámide social les asigna lugares muy específicos, inamovibles. Las castas de la colonia ahí siguen: un joven con ciertas características físicas y sociales puede acceder a espacios urbanos centrales si, y solo si, lo hace en calidad de trabajador o estudiante. La diversión y la autodefinición en espacios consagrados para las clases medias y altas no les está permitido: solo el uniforme, que funge como una suerte de brazalete de acceso. Sin embargo, el futbol –y, más específicamente, las porras– han ayudado a abrir este panorama tan estratificado. Un partido de los Pumas de la UNAM es capaz de convocar a miles de jóvenes que, sin pertenecer a la comunidad universitaria, se identifican con ella en tanto espacio que permite la autodeterminación. Ni siquiera tienen que ser parte de la comunidad académica: los jóvenes cruzan la ciudad un domingo por la mañana, vestidos como ellos quieren, y llenan la mitad del estadio. Así les gusta definirse.

Los jóvenes son tomados, por un lado, como salvajes que tienen que ser disciplinados, y por el otro, como víctimas que tienen que ser ayudadas

Pero no es tan sencillo. A nivel de representación –explica el doctor Roger Magazine, responsable del proyecto Los jóvenes populares urbanos y la lucha por la ciudad– los jóvenes son tomados, “por un lado, como salvajes que tienen que ser disciplinados… y por otro lado, como unas pobrecitas víctimas que tienen que ser ayudadas”. El foco de estudio de los proyectos –estamos hablando de una red de investigadores que trabajan el tema de aficionados al futbol a nivel continental– se ha orientado hacia esta última noción: la doble representación de los jóvenes de barrios populares, las distorsiones de las que son objeto. Es por eso que Magazine y la red de investigadores buscan entender “cómo ellos se ven a sí mismos y a la sociedad en general desde sus propios ojos”. Magazine compara los resultados de estos estudios con otros acerca de migrantes centroamericanos que atraviesan México, o jóvenes con sida en Guadalajara, y que devuelven conclusiones similares en términos de representación: “lo que vemos en estas investigaciones son evidencias de personas que no son simplemente víctimas pasivas, sino personas que realmente se están reinventando”.

 Fotografía: Alfredo Morales

Fotografía: Alfredo Morales

El primer objetivo es apoyar a su equipo, pero también ejercen una crítica y a veces una propuesta social bastante bien canalizada e interesante

Roger opina que existe una suerte de doble rasero para medir las actividades de las barras: en un país donde decenas de personas mueren violentamente todos los días, se criminaliza a las barras de fanáticos cuando “en los últimos 20 años no ha habido ni un muerto por estos grupos” y la tasa de violencia entre barras es significativamente menor que en otros países—reducida en gran medida gracias a los sistemas de credencialización y controles de seguridad en los estadios. De acuerdo al Dr. Magazine, si bien “su primer objetivo es apoyar a su equipo”, los jóvenes también ejercen “una crítica y a veces una propuesta social bastante bien canalizada e interesante”, contrariando así las visiones paternalistas o discriminatorias.

Pero hay más: existe una teoría muy difundida entre el público que propone que las barras fueron una exportación de Argentina, una suerte de inserción mercadológica en el pacífico panorama pambolero mexicano. Pero el Dr. Magazine cree que se trata de una verdad, si acaso, parcial. Por un lado, ve en ella una forma de culpar a los extranjeros por un fenómeno que es casi natural a un país con tanta segregación. Por otra parte, las barras previas a las que conocemos hoy en día eran altamente jerárquicas y seguían patrones de apoyo muy rígidos, mientras que los modelos que llegaron a reemplazarlas ofrecen formas de organización más horizontales, así como una mayor libertad de expresión, y por lo tanto más atractivas para las juventudes. No en vano sus seguidores han elegido nombres como Rebel (Pumas UNAM), Libres y Lokos (Tigres UANL), La Irreverente (Guadalajara), La Locura 81 (Morelia), y algunos con connotaciones sociopolíticas muy claras, como Los de Abajo (Chiapas) o Resistencia Albiazul (Querétaro).

 Foto: José Pedro Álvarez R.

Foto: José Pedro Álvarez R.

Varios de estos nombres dicen ya bastante, y más todavía si consideramos que en Argentina y Brasil las barras suelen estar íntimamente ligadas a los equipos y difícilmente se identifican con valores contestatarios. Aun más: en Torreón, fue la barra del club Santos Laguna la que –gracias a su organización– impidió la irrupción de grupos de narcotraficantes en el espacio futbolero. En última instancia, Magazine ve más bien una suerte de inspiración: cuando las barras mexicanas modernas nacieron –la mayoría en los albores de este siglo–, muchas voltearon a Europa y Sudamérica en busca de nuevas formas de expresar la pasión por sus equipos. Finalmente, “es un poco más fácil de cuestionar la idea de que México necesita importar modelos de violencia de Argentina", dice casi al borde de la risa.

Así que no: ni víctimas ni victimarios. Estas son “categorías que han sido parte de la historia del pensamiento de Occidente” que clasifican a grupos tradicionalmente segregados, ora en criminales, ora en infantes que requieren vigilancia. Es por eso que parte del foco de análisis de esta red de estudios antropológicos radica en las interesantes estructuras que han desarrollado para evitar problemas como el clientelismo, en “grupos sin líderes porque así no van a poder cooptar a los líderes y controlarlos”, lo cual Roger ha leído como “un planteamiento de anarquía en el sentido político de la palabra”. Por supuesto, estos esquemas fluctúan: surgen a menudo liderazgos y corrupción, pero eso ha llevado también a una política muy dinámica de creación de grupos y desaparición de otros. En el fondo subyace una visión muy crítica de la corrupción donde las jerarquías, si es que existen, merecen ser moderadas. Lecciones de democracia.

Como antropólogos, no se trata de estudiar a las personas, aclara Magazine, sino de aprender de ellas para construir una teoría desde abajo. En el fondo, su objetivo “no es solo entender mejor a estos grupos, sino entendernos mejor a nosotros mismos y criticar y cuestionar nuestras categorías y teorías supuestamente universales”.





Los jóvenes populares urbanos y la lucha por la ciudad

9ª Convocatoria para el Financiamiento de la Investigación Científica Básica

Temporalidad: 2 años (2015-2017)


En el proyecto también participan:

Dr. Samuel Martínez López – IBERO Comunicación 

Gerardo Orellana y Sergio Varela – UNAM 

Andrés Fábregas y Rodolfo Aceves – Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) 

Edith Cortés – Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) 

César Federico Macías – Universidad de Guanajuato 

Alfredo Morales – Universidad Autónoma de Coahuila 

Rodrigo Laguarda – Instituto Mora 

Fernando Segura – Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). 

Darío Zepeda - Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) 

Bernardo Buarque, Edison Gastaldo y Simoni Lahud Guedes – Brasil 

Miguel Cornejo – Chile 

Sergio Villena y Onésimo Rodríguez – Costa Rica 

Jacques Ramírez y Fernando Carrión – Ecuador 

Silvio Aragón, Pablo Alabarces y José Garriga – Argentina 

David Quitián y Alejandro Villanueva – Colombia 

Aldo Panfichi – Perú 

Roger Magazine

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