Las muchas educaciones


Milpas educativas: laboratorios socio-naturales vivos para el buen vivir


 

La milpa no es –nunca ha sido– solamente un espacio de producción alimentaria, sino un terreno de experimentación social y, quizá también, una gran alternativa para equilibrar la brutalmente cargada balanza social mexicana: un laboratorio de inéditas prácticas educativas.

 
 
Mapa vivo de Shishintonil, en el Municipio de Tenejapa, Chiapas.

Mapa vivo de Shishintonil, en el Municipio de Tenejapa, Chiapas.

Doctor en Educación por la Ibero, Stefano Sartorello cumple en 2019 veinte años viviendo en México, buena parte de los cuales transcurrieron en Chiapas. Esa almohadita que es la educación viene rellena de muchos otros intereses: politología, antropología social, interculturalidad, etnoecología, epistemología, diversidad cultural y metodologías colaborativas y horizontales. A estos temas le ha dedicado diversas publicaciones y bastantes años de trabajo en campo. Bajo la expresa influencia de Jorge Gasché –antropólogo, lingüista y formador de maestros interculturales en la Amazonia peruana y Chiapas–, y en estrecha colaboración con la Dra. María Bertely, del CIESAS,  Sartorello ha llevado la audacia del proyecto Gaschiano a más regiones –llamémoslas así– mexicanas.

El problema para detonar estas investigaciones fue detectado desde hace tiempo en comunidades indígenas rurales: el desfase sociolingüístico entre la lengua de los niños y de la comunidad, y la lengua del maestro. Este desfase es solo la punta del iceberg educativo en México, un pretexto para solventar un alud de retos que se precipita en varias comunidades—no parecidas, pero sí equivalentes: la discordancia entre currículos nacionales y necesidades locales, la descomposición social, el hostigamiento a maestros rurales que buscan reinventar la norma pedagógica, y las dinámicas jerárquicas en la vinculación de la academia con la educación rural.

Milpas educativas: laboratorios socio-naturales vivos para el buen vivir analiza e interviene el problema de la educación intercultural bilingüe en contextos rurales e indígenas. Este proyecto, financiado por la Fundación W.K. Kellogg, es de largo aliento (2017-2019) y se está implementando en aproximadamente 50 comunidades indígenas rurales –repartidas entre Chiapas, Puebla, Oaxaca y Michoacán, abarcando 10 pueblos indígenas. Su propósito es “consolidar una metodología de educación intercultural, bilingüe, socioculturalmente pertinente y relevante en escuelas de nivel inicial, preescolar y primaria”.

Pero, ¿es posible consolidar una metodología? Puesto que el proyecto se ha llevado a cabo en distintos territorios, las definiciones de conceptos como buen vivir son vaporosas, contextuales, pues “hay muchas formas distintas de concebir qué tipo de educación queremos, qué tipo de buena vida queremos”. Lo cierto es que, si bien los maestros no cuentan con una claridad política uniforme entre distintos territorios, sí que se ha observado una claridad cultural de arraigo: con la lengua o con la vestimenta, por poner algunos ejemplos. El buen vivir no es un concepto homogéneo, pero sí “geolocalizable”.

Sartorello toma el nombre de Milpas educativas de un colega suyo que –tras participar en un diplomado de formación docente impartido por Stefano en Yucatán– es despedido de la escuela donde trabajaba. A su salida, la nueva filosofía de aquel maestro fue “siempre tendré mi milpa y de ahí puedo hacer educación” ya que “la milpa educativa es justamente un espacio que va más allá de la escuela”. La milpa no es solo un espacio que rinde los frutos necesarios para la alimentación de una comunidad, sino la unidad de reproducción sociocultural de las comunidades indígenas. De ahí salen el frijol, maíz y calabaza, pero también es un espacio simbólico, denso en aprendizajes “que hay que formalizar para poder ponerlos en diálogo con los aprendizajes que la escuela te pide”.

Es a partir de estos principios que proponen actividades sociales, productivas, rituales y recreativas vinculando a alumnos, profesores y padres de familia. Labores culturalmente situadas como limpiar un terreno pequeño para sembrar rábano desatan el ejercicio de habilidades y valores pedagógicos (enseñanza, observación), filosóficos (contacto y relación con la tierra) y políticos (alimentos libres de herbicidas, autoconsumo).

La milpa –punto de convergencia de la producción material y la reproducción simbólica– es ideal para el acercamiento al problema de la educación. Preparar la tierra, sembrar maíz, explorar la geografía propia y crear mapas vivos, cosechar quelites, preparar tortillas son tareas esenciales. Como dijo el pensador marxista William Morris, “para aquellos que albergamos una causa valiosa en nuestro corazón, la ambición y el deber más simple son la misma cosa: la mayor parte del tiempo estaremos ocupados haciendo el trabajo que esté al alcance de la mano… la esperanza debe estar a nuestro lado siempre”.

La cosa no se detiene ahí porque en este contexto agropedagógico se han dado una serie de lo que Jorge Gasché ha llamado “interaprendizajes” entre maestros rurales y academia. Menos que una enseñanza vertical entre universidad y comunidad, lo que se busca es una especie de spiribol epistemológico que genere otro tipo de educación.

La milpa es un espacio educativo que va más allá de la escuela.

No se trata de dejar completamente de lado el programa oficial ni de catequizar sobre alternativas pedagógicas, sino de crear un diálogo para adaptar los currículos a cada contexto: “Lo que le sirve aprender a los niños que viven en la Selva Lacandona es tremendamente distinto a lo que le sirve aprender a los niños que están viviendo en Teziutlán, municipio de Puebla, lleno de maquilas. Unos viven en un territorio con recursos naturales muy interesantes donde hay otros problemas –el de las mineras, las trasnacionales que vienen a explotar recursos naturales o la biodiversidad; los otros viven en un contexto industrializado, de clase marginal, de explotación económica. Claro que se tiene que aprender a leer, escribir, hacer cuentas, pero hay otras habilidades que se necesitan para la vida”, explica el Dr. Sartorello.

No todo es miel sobre hojuelas: en un contexto de extrema desigualdad y confluencia de poderes, los retos son varios. A menudo los maestros experimentan presión por parte de sus autoridades cuando se aproximan a nuevos métodos que contrarían las dinámicas pedagógicas tradicionales, situación que –de acuerdo a Sartorello– está enmarcada en el gran problema de racismo institucional pues se le niega agencia al trabajo del maestro indígena y rural.

Se ha dado lo que nosotros nos gusta denominar interaprendizajes. Aprendemos los unos a los otros, como dicen los compañeros.

Está también la descomposición social y la presión que ejerce ésta sobre la educación y el arraigo socioterritorial. “Trabajamos en Puebla, en las zonas de los huachicoleros, donde un joven de 13 años puede ganar un montón de dinero vendiendo droga al narcomenudeo o migrando a los Estados Unidos o a Sonora. Cuando ves que el vecino se va a Sonora seis meses y regresa, se compra una tele y un refri o un aparato de sonido, es muy difícil de combatir”. Se trata de “un problema no escolar, pero sí educativo”. Muchos profesionales de la educación reconocen estos problemas en su propia experiencia.

Sin embargo, “en términos metodológicos, en términos de materiales, en términos escolares las cosas funcionan bien. Hay maestras increíbles que hacen cosas geniales, nosotros nos sorprendemos un montón viendo cómo conjugan ideas que se salen del currículum escolar”. De lo que se trata, después de todo, es evaluar tanto los resultados como los procesos. Parafraseando cierto poema argentino: que otros se jacten de lo que han aprendido; a mí me enorgullece cómo lo he aprendido.


Milpas educativas: laboratorios socio-naturales vivos para el buen vivir

Temporalidad: 3 años (2016 / 2019)


En el proyecto también participan:

Ibero:

· Dra. Paola Ortelli – posdoctorante

Otras universidades:

· Dra. María Bertely – Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)
· Erika González – Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)
· Raúl Gutiérrez – Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)
· Gustavo Castro – Investigador independiente
· Ulrique Keiser – Universidad Pedagógica Nacional (UPN)
· Elías Silva – Universidad Pedagógica Nacional (UPN)
· Sandra Ramos – Red de Educación Inductiva Intercultural (REDIIN)
· Ismael Gamboa – Red de Educación Inductiva Intercultural (REDIIN)
· Eusebia Texis – Red de Educación Inductiva Intercultural (REDIIN)

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Stefano sartorello