El camino correcto


Grupos de investigación interdisciplinar
Responsable técnico: Dra. Célida Gómez

Indicadores urbanos y de salud pública para la evaluación de la caminabilidad en el contexto mexicano


“Sal y camina. Esa es la gloria de la vida”, escribió la artista Maira Kalman, y estamos de acuerdo. Pero nuestras ciudades nos han puesto tantos obstáculos que a menudo el placer de la caminata se desvanece apenas ponemos un pie fuera de casa. ¿Cómo recuperar esa gloria?

 

La ciudad se le revela mejor a quienes la recorren sin automóvil: a quienes pueden hacerlo, a quienes están dispuestos. Pero los obstáculos no son pocos ni poco frecuentes: banquetas maltrechas, coladeras destapadas, acoso sexual, pilas de basura, comerciantes (ambulantes o no), automóviles estacionados sobre la banqueta, rampas de ingreso a casas y edificios, pésimo alumbrado, cochistas enfurecidos, heces de perros, falta de pasos peatonales, puentes inaccesibles para muchos, congestionamiento, contaminación y –cuando la lluvia llueve– insondables charcos. A veces, como sucede en Santa Fe, se da por sentado que el peatón es inexistente. El deterioro del espacio peatonal es el espíritu de la Ciudad de México.

¿O tal vez no? El proyecto Indicadores urbanos y de salud pública para la evaluación de la caminabilidad en el contexto mexicano busca comprender –desde las disciplinas de espacio habitable, sustentabilidad, urbanismo y salud pública– los problemas que aquejan a los distintos tipos de caminante y promover mejores prácticas. Porque caminar es una forma de transporte activo que fomenta la buena salud, la interacción social y mejores formas de convivencia –porque caminar significa, esencialmente, vivir más y mejor– la doctora Teresita González de Cossío se acercó a este proyecto propuesto por el departamento de Arquitectura: “Si tú puedes promover un entorno en donde se disminuya el sedentarismo y se aumente la actividad física, eso tendrá un impacto muy importante en la salud. Es por eso que me interesó la colaboración con Arquitectura”.

De acuerdo a la doctora, el estudio de este amplio y complejo terreno es todavía incipiente. La intersección entre actividad física, nutrición y entorno urbano comienza apenas a ser explorada por el Instituto Nacional de Salud Pública en colaboración con el departamento de Arquitectura de la Ibero. La forma en que los individuos se transportan y hacen uso del espacio urbano para mejorar su salud está íntimamente relacionada con la infraestructura, seguridad y salubridad de los entornos urbanos.

Sin embargo, ciertas ideologías liberales, disfrazadas de sentido común, dictan que caminar –o no hacerlo– es un asunto personal, una decisión que se toma o no independientemente de nuestros contextos. Pero hay que matizar esta idea: “El estado de salud y de nutrición de una persona está determinado ciertamente por decisiones individuales, pero que están fuertemente influidas por su entorno”, apunta la doctora González, quien cree que hay un error en el “comportamiento por default” de nuestras vidas urbanas: al no contar con la infraestructura necesaria para combatir el sedentarismo, los habitantes de la ciudad no pueden transportarse activamente o se ven obligados a realizar actividad física en espacios lejanos de su comunidad. Este problema, por supuesto, afecta todavía más a personas vulnerables o de escasos recursos. El transporte activo “es para lo que está diseñado el cuerpo humano”, pero la falta de espacios caminables lo obligan a “salir fuera de su tiempo, de sus recursos para tomar transportes diferentes” en busca de parques limpios, iluminados y seguros. Tales carencias llevan entonces a un comportamiento donde la ingesta, y no el gasto de energía, es lo más común: “Ahorita tú sales y lo que encuentras son maquinitas en donde te venden papas, galletitas… eso es el default”.

 Contrario a lo que damos por sentado, la caminabilidad no depende estrictamente de tener calles bonitas e iluminadas, “sino que hay muchas otras cosas que en México hacen que las personas caminen o no: la parada de los buses, qué tan seguro y puntual es el transporte público, el tráfico, la inseguridad tan terrible, etcétera”. De ahí la necesidad de documentar, estudiar y vincular con los hacedores de política en México, a quienes –además de todo– les conviene: ya el investigador de la UNAM Salvador Herrera ha encontrado que “colonias como Roma Norte, Nápoles y Del Valle Norte —que adoptaron medidas que mejoran el ambiente para los peatones— tienen una mejor plusvalía que Santa Fe, donde se privilegia el uso del auto”. Si encima recordamos que la mala calidad del aire de la Ciudad de México reduce 1.1 años la esperanza de vida de sus habitantes, el problema de caminabilidad tendría que afectar –por lo menos– la vanidad de los políticos chilangos.

No todas las mujeres, no todos los niños, no todos los ancianos, no todos los ciegos, no todos los padres de familia con carriola ni todas las personas con movilidad reducida pueden transitar libres y seguros. La movilidad peatonal sin obstáculos es un derecho que nuestras democracias nos han quedado a deber. La sentencia de Henry David Thoreau de que “cada paseo es una suerte de cruzada” tiene un extraño peso en el México del siglo XXI: los mercados y una serie de gobiernos mal informados han determinado nuestra falta de acceso a lo que la doctora González llama “entornos saludables”. En su opinión, la bola está del lado de los investigadores para promover más y mejores entornos saludables, por lo que deben “conocer los determinantes de los problemas, estudiar los obstáculos, documentarlos sin exageraciones” y finalmente analizar las posibles soluciones. Ciertamente la cruzada no es menor, pero qué dulces son las victorias peatonales. Solo aquellos que gustan de transitar sin automóvil lo saben—es decir, nosotros, la gran mayoría.


Indicadores urbanos y de salud pública para la evaluación de la caminabilidad en el contexto mexicano

Grupo de Investigación Interdisciplinar

Temporalidad: 2 años


En el proyecto también participan:

Teresita Gonzalez de Cosío

Teresita González de Cosío

 

 
SALUD Y MEDICINAIBERO