Quizá la respuesta esté en el autocontrol


El papel del ayuno en la construcción del bienestar de la persona. Una perspectiva interdisciplinaria.


¿Será que los profetas de la antigüedad comprendieron de alguna forma la diabetes? ¿Será que la cura contra esta enfermedad está en el siempre sabio autocontrol?

 
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Qué anciano e inabarcable es el vínculo entre religión y hábitos alimenticios. Desde las prohibiciones de los alimentos “inmundos” del Levítico hasta el vegetarianismo de la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, pasando por las Instrucciones al cocinero del monasterio zen, del maestro Dogen, nuestra especie ha buscado desde hace milenios un balance espiritual, un punto de equilibrio entre la dieta, la observación meticulosa y la ley divina. No obstante, la espiritualidad cuenta hoy en día con un agente más: la ciencia moderna. Y es la ciencia la que nos ha permitido saber que el milenario ayuno bíblico –y coránico y también prehispánico– vaya de la mano de un interesantérrimo proceso celular, y uno de grandes hallazgos recientes de la medicina: la autofagia.

Los beneficios de la autofagia van desde la regulación de la presión arterial y los niveles de glucosa, hasta el aumento de la esperanza de vida.

La autofagia no es un canibalismo, pero se le parece: es el proceso mediante el cual los organismos celulares –tras un ayuno prolongado– envuelven en vesículas llamadas autofagosomas, orgánulos inservibles y proteínas dañadas, para descomponerlos con fines de reciclaje por acción de un lisosoma lleno de enzimas hidrolíticas. Las moléculas obtenidas son reutilizadas para crear energía o nuevos orgánulos. Los estudios en torno a la autofagia han resultado en dos premios Nobel –Christian de Duve (1974) y Yoshinori Ohsumi (2016)– y dado lugar a muchos trabajos más. Y no es para menos: los beneficios de la autofagia van desde la regulación de la presión arterial y los niveles de glucosa, hasta el aumento de la esperanza de vida, como se ha visto en estudios con roedores. No en vano la autofagia es uno de los campos de investigación preferidos por los laboratorios de salud de nuestro siglo.

Es ahí donde arranca el trabajo de la doctora Teresa Ochoa Rivera, especialista en nutrición comunitaria y desarrollo humano, y miembro del ambicioso proyecto El ayuno como una forma de mejorar la calidad de vida. Una perspectiva interdisciplinar, donde también participan la Mtra. Miriam López Teros, el Dr. Ángel Francisco Méndez, la Dra. Ericka Escalante Izeta y el Dr. Marco Gamboa Meléndez. “En este proyecto está la parte médica, de nutrición, teológica y sociocultural”, comenta Ochoa.

No es solo que la impresionante formación académica de la doctora reúna los elementos necesarios para estudiar ayuno y autofagia desde distintas perspectivas (Ochoa ha estudiado nutrición, ciencias de los alimentos, nutrición comunitaria, desarrollo humano y antropología social), sino que, “por una cuestión personal, empecé a investigar desde hace muchos años –yo creo que quince o veinte– la cultura azteca… entonces investigando sobre su sistema de salud, me doy cuenta de que el Códice florentino habla del ayuno de una manera muy repetitiva en los festejos, y haciendo un análisis me doy cuenta de que lo hacen muy continuamente, cada treinta días”. Pero, ¿todos los ciudadanos del imperio ayunaban? “Exceptuando los niños, las mujeres lactantes y algunas personas con enfermedades, todos los aztecas ayunaban como parte de su cultura, de su idiosincrasia y de su sistema de salud”.

De acuerdo con la doctora, “la autofagia puede depurar virus, bacterias, agentes extraños que entran al organismo, y también sirve para sintetizar y producir nutrimentos como las proteínas”. Para llegar a esta purificación orgánica es necesario practicar un ayuno de por lo menos doce horas, tantas veces por semana como se pueda, y durante la noche. Pero, ¿no acaso choca la práctica del ayuno con nuestros hábitos más nocivos? “En las sociedades actuales nadie ayuna: todo el día estamos comiendo, no dejamos que este proceso se lleve a cabo, que nuestro organismo se depure solito”. La persona saludable, una vez más, debe nadar a contracorriente de la vida moderna.

El foco principal de esta investigación se encuentra en la primera fase: una –digamos–  hambrienta revisión sistemática de la literatura disponible que estudia los efectos del ayuno intermitente en pacientes con diabetes tipo 2. La razón no es sencilla, pero tampoco incomunicable: en estudios en ratones “se ha encontrado que con el ayuno intermitente bajan los niveles de glucosa” y, en consecuencia, sucede una reprogramación genética que provoca la regeneración de los islotes pancreáticos “que producen la suficiente insulina para las demandas del paciente”, de tal manera que no necesiten tomar medicamento. Un proceso alucinante desatado por el simple acto de no hacer nada.

Tomar las conclusiones de los estudios ayuno-diabetes disponibles y reproducirlas, pero ahora considerando las dimensiones psicosociales y teológicas de los pacientes.

La intención de El ayuno como una forma de mejorar la calidad de vida es tomar las conclusiones de los estudios ayuno-diabetes disponibles y reproducirlas, pero ahora considerando las dimensiones psicosociales y teológicas de los pacientes. Porque sí, es necesario “hablar del ayuno de manera científica, sustentada en la bibliografía actual”, pero la doctora Ochoa cree que debemos ver más allá de complejos metabolismos celulares: “Somos cultura, somos psicología, somos muchas cosas más. En la actualidad el sector salud nada más ve la diabetes como dar medicamentos, controlar la dieta y ya, cuando habría que mirar y ver por qué el paciente llegó a ser diabético”.

En un país donde la diabetes afecta a más de diez por ciento de la población, es necesario crear varios frentes. Si los estudios realizados a la fecha son correctos, el ayuno intermitente será un aliado indispensable—una especie de caballo de Troya contra una de las grandes enfermedades de la modernidad, pero también una forma de crear mejores y más longevas vidas.


El ayuno como una forma de mejorar la calidad de vida. Una perspectiva interdisciplinar.

Grupo de Investigación Interdisciplinar

Temporalidad: 2 años


En el proyecto también participan los investigadores:

  • Miriam T. López Teros – Departamento de Salud

  • Angel Francisco Méndez Montoya – Departamento de Ciencias Religiosas

  • Ericka Escalante Izeta – Departamento de Salud

  • Marco Alberto Gamboa Meléndez – Profesor de asignatura del Departamento de Salud.

 

 
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